lunes, 24 de octubre de 2011

Ella siguió caminando

Ella, sólo una pequeña, siguió caminando

Ella era una sólo una pequeña, una criatura inocente 
que no sabía de los peligros existentes en la tierra,
era una niña ignorante de toda la maldad 
de todo problema estruendoso,
de toda bala o explosivo activado
pero tenía algo grande; la inocencia.
Veía como muchas cosas a su alrededor
se destrozaban,
veía como la vida se iba acabando.
¿Qué podría pensar alguien tan pequeño?
¿Estarán jugando a policías y bárbaros?
Pero aun así el juego le parecía muy real,
a dónde se había marchado toda la gente,
de pronto ya no veía a sus padres,
ni a sus amigos o parientes, 
nunca había tenido hermanos.
Se preguntaba ahora cuál sería su destino
qué tendría que hacer si de pronto su alrededor
fue infestado de dolor, violencia y frialdad,
pero a pesar de estar sumergida en un sopor 
apesadumbrante dentro de su corazón aguardaba
una luz, una luz que no se apagaba.
Ella siguió caminando.
La vida durante la guerra la golpeó una 
y mil veces más pero ella nunca se rindió.
Siguió caminando.
Fue creciendo entre miserias, carencias
y la guerra parecía no cesar, de pronto 
ya no era tan niña, el mundo la había obligado
a mirar el panorama de un punto más maduro
pero a pesar de los golpes siguió caminando.
Trabajó de sol a sol, descansó solo cuando 
había tiempo y logró aprender varias técnicas
que le facilitaron la vida, era tanto su afán de
llegar lejos que prometió incluso dar su vida
por que una niña como la que ella fue no pasara
algo similar y... Así fue.
Siempre estuvo a favor de la paz.
Su vida irradiaba tranquilidad y una pureza
tan impecable que no era difícil darse cuenta
que como ella ya pocos hay.
Ella era de carne y hueso, tu eres de carne y hueso,
nosotros somos de carne y hueso
pero si tenemos fortaleza más dura que el diamante
un golpe de alguna roca, del viento, de la vida,
es más liviano que nuestra existencia.

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