viernes, 30 de diciembre de 2011


El F R Í O y un corazón C Á L I D O



Era una noche fría, no me gustaba, no el clima sino estar a plena nevada sentada en la banqueta de la avenida principal sola. Estaba pensando en todo lo que me llevó a estar en ese instante justo ahí, un año lleno de borrascos, poco camino plano, no me quejaba pero nada me dejaba del todo feliz, sentía frío mi corazón porque sabía que no todo era culpa del destino sino es que sólo mía, probablemente no muchas buenas y maravillosas cosas me rodeaban pero había una inmensamente importante que no había tomado en cuenta; yo estaba sentada en la banqueta de la avenida principal, sí, mi aura estaba envuelta de vida y mientras ésta existiera mi corazón no estaría frío, ni sólo, mi temperatura en esta vida humana es cálida, los pequeños grandes detalles de mi entorno debían ser más importantes que la tormenta.
Me levanté con una gran sonrisa en el rostro al haber pensado todo esto cuando de pronto vi que la silueta de una persona se acercaba a mí, era él.
-       ¿Qué haces aquí? ¿A caso no hace mucho frío? –me preguntaba con su habitual voz seductora y hermosa.
-       No tengo frío, mi corazón es cálido, tengo mucho más de lo que quisiera y eso me basta.
-       Te amo.
-       Yo te amo también.
Todo culminó con un tierno abrazo mientras caminábamos juntos de la mano a la reunión de familias o más bien a la calidez de mi ya olvidado frío.      

miércoles, 30 de noviembre de 2011

Horas proféticas [Capítulo VII]

Horas proféticas



[…]
Ella intentó hablarme pero no quise escuchar nada, porque en ese momento realmente no había nada, no sentía nada, no imaginaba nada y no sabía que pensar.
Esa noche dormí pesadamente, tuve un sueño que inmediatamente supe sería mi futuro, en él estaba con Sarime pero su madre parecía sólo utilizarme, entonces no significaba nada más que debía alejarme pero… ¿estaba enamorado?
Entonces vi a Samantha a lado de mi cama con montones de hierbas intentando hacer hechizos o conjuros y di un brinco… despertando.
Tenía que empezar a confiar en mí mismo, no en las supersticiones si no en construir mi futuro no lo que se supone debe pasar.
Entonces tal como en el sueño:
{En la escuela…
-          Hey tú, Alonso –me llamaba el creído del salón, nunca me cayó bien el este tipo llamado Francisco, pero lo soportaba por llevar la paz –¿Vas hoy a los arrancones? –conocía perfecto mi respuesta.
-          No, me dedicaré a otras cosas y a pagar el golpe de la noche pasada.
-          ¿Seguro? Te presto mi coche.
-          Segurísimo mi hermano –casi pude saborear mi sonrisa}

Confía en ti mismo, crea tu destino y no vivas lo que debe ser si no lo que quieras que sea.

FIN.

Horas proféticas [Capítulo VI]

Horas proféticas



[…]
-          Tú puedes salvar el mundo, sólo tienes que aprender a usar tu don –me dijo Samantha.
-          Me voy –casi grité completamente desconcertado y me marché.
No podía hacer nada más que ir a las carreras para desahogarme y olvidar todas las palabras de aquella mujer, me llené de pánico, realmente nunca estuve tan asustado pero no por ella sino porque todo lo que dijo; era verdad.
Casi me llevo una sorpresa cuando un colega me prestó su Cadillac del año para que compitiera contra el anónimo que se hizo presente. Quedamos en tres de cinco vueltas de las cuales me ganó todas. Todas.
Esta vez si me enojé, ya no podía soportar más misterios en mi vida. Me bajé del coche y me acerqué al suyo.
-          ¿Hasta cuándo vas a seguir con tu jueguito? ¿ah?, ¿a caso no estamos entre reales competidores? ¿Quién eres? Muestra ya tu rostro –le grité en medio del público y obviamente muy alterado.
El tipo se bajó del coche, estaba completamente vestido de negro y llevaba un casco, sí, un casco.
-          Quítate el casco –casi le ordené.
Conforme pasaban los segundos más me desesperaba y finalmente lo hizo.
Casi sufro un paro cardíaco cuando vi la castaña cabellera de una mujer, de una mujer hermosa y misteriosa de la que tal vez estaba enamorado: Sarime.
[…] 

Horas proféticas [Capítulo V]

Horas proféticas


[…]
-          Alonso hacía tiempo que te buscaba –dijo la madre de Sarime, como si hubiéramos dejado de vernos y este fuera un encuentro. Ella aún era joven.
-          ¿Ah sí? Yo no la recuerdo.
-          No nos habíamos presentado pero alguna vez te vi, mucho gusto soy Samantha.
-          Mucho gusto –no supe si eso fue afirmación o pregunta.
No me había dado cuenta que Sarime se sentó en el sillón y poco después me invitó a hacerlo igual pero guardó completo silencio.
-          Alonso, tú tienes un don que no haz descubierto –hablaba como si tuviera una profunda sabiduría acerca de mi.
-          ¿Cómo sabe usted de eso?
-          Eso no importa, lo que importa es que conozco todo de ti.
-          Si importa, todo esto me tiene fuera de lugar.
-          Tú ni nosotros somos como los demás ¿sabías que con tus sueños construyes el futuro? Y obviamente lo presagias.
-          Señora lo que dice es absurdo.
-          Sabes que digo la verdad, tan sólo basta con recordar tu último sueño, ¿a caso no te tiene de cabeza? Y si eso no te es suficiente, recuerda tu niñez, tus pesadillas, siempre se acercaban a la realidad pero gracias a tus padres no eres supersticioso entonces no creíste en ti mismo.
Esto no estaba pasando, ella sabía todo de mí, acerca de todo acertaba, en poco tiempo el miedo se apoderaría de mi ser.
-          ¿Qué quieren de mí? –creo que esta vez me dirigí a ambas.
[…]

Horas proféticas [Capítulo IV]

Horas proféticas


[…]
El sueño fue muy confuso pero las imágenes eran completamente nítidas en mi mente. No podía desaparecer los personajes de mis recuerdos, fue demasiado claro; una carrera inconclusa, una mujer a la que tomaba de la mano en la escuela y la cara aún desconocida del corredor anónimo.
Ni al lavarme la cara pude quitar los recuerdos de mi cabeza.
Algo me decía que no era un simple sueño, era algo que me estaba avisando del futuro y eso me traumaba, sí, tal vez dentro de poco estaría con Sarime pero la cara del tipo cada vez se hacía más oculta, lo que más me preocupaba: ¿Y ESO POR QUÉ DEMONIOS DEBE AFECTARME? ¿Por qué mi curiosidad había rebasado el límite? ¿Por qué? ¿Por qué me empeñaba en conocerlo? ¿Por qué sentía esa necesidad?
-          Alonso, estás muy pálido, ¿dormiste bien? –preguntaba mi madre mientras me examinaba.
-          Sí, es que me desperté con mucha hambre –mentí.
-          Deberías cenar algo diario –sugirió.
-          Oh sí, madre no te preocupes, lo haré.
-          Tienes razón, no queremos que puedan regresar tus problemas de sueño –comentó mi padre.
Supe que en ese instante seguramente hice una terrible mueca de decepción de la cual no se percataron.
En la escuela…
Ese día tuve todas las clases borrosas, la única que recuerdo bien es la extra donde estaba con Sarime y que terminando iríamos a su casa; eso cambió absolutamente todo.
-          Quiero que sepas… no estamos aquí para hacer el proyecto. Tengo uno ya listo y ese presentaremos, hoy sabrás algo mucho más interesante.
-          Sarime, pero, no entiendo, ¿Qué haremos entonces?
-          Te presentaré a mi madre, sólo tienes que escuchar.
-          Comienzo a asustarme…
-          Es mejor que no lo hagas, tienes que destruir tus miedos sobre todo si sueñas.
-          Creo que lo mejor es que yo… -me interrumpió y me llevó de la mano hasta la sala donde estaba su madre.
Algo no estaba bien, Sarime dijo que no debía tener miedo y menos si soñaba, ¿ella qué sabía de mis problemas de sueño? No entendía nada.
[…]

sábado, 19 de noviembre de 2011

Horas proféticas [Capítulo III]

Horas Proféticas



[…] Después de eso le hablé a cerca de mí, sí, de mi súper interesante vida.
No creo que para ella eso haya sido tan bueno como lo fue para mí escucharla pero se veía que me prestaba atención.
Me parecía la chica perfecta para mi siguiente aventura, no sé si de amor o sólo para pasar un rato aunque estaba de acuerdo que aún era algo pronto para querer invitarla a salir o cosas así.
Quedamos de vernos dentro de dos días en la clase y le dije que esperaba verla en la escuela durante el receso.

En esos días volví a regresar a las carreras, el tipo anónimo regresó, compitió con otros colegas, es increíble que ganara de nuevo. Quise volver a correr con él y esta vez gané; todo mundo me elogiaba mientras aquél hombre misterioso se marchaba pero yo no me sentía satisfecho, no podía deducir si realmente  había ganado o me había dejado ganar, y supongo, seguiría siendo un misterio.
En la escuela…
-          Ese tipo ahora sí se me está haciendo muy raro, el hecho de que no muestre su rostro debe ser por algo –conciliaba Carlos.
-          Yo creo que no quiere mostrar su rostro porque pretende ser una leyenda –opinaba Servando.
-          No, ¿cómo ser una leyenda sin conocer su rostro?
-          Precisamente, eso conserva la controversia.
-          Yo no sé cómo le haré pero veré su rostro –afirmé antes de que Servando contestara.
Ese día nuevamente me tocaba mi clase extra con Sarime, en esos momentos quería dos cosas; verla de nuevo y ver la cara del tipo anónimo de las carreras.
-          Hola, ¿cómo estás? –me saludó al sentarme a lado de ella, al parecer aún era temprano.
-          Hola, estoy bien ¿y tú?
-          Muy bien, espero ya podamos empezar con el proyecto, así que te invito a mi casa hoy o mañana, ya tengo algunas ideas.
-          ¿Hoy? –no podía perderme las carreras –No puedo, mejor mañana.
-          Me parece perfecto no te preocupes. Imagino tienes cosas que hacer en la noche…
-          ¿Cómo supiste?
-          Se me dan las adivinanzas.
-          Oh, ya veo, pues me gustan las carreras y en la noche en este sector hay arrancones, no lo puedo ocultar, me gustan mucho los carros.
-          Sí, sabía de esas carreras.
-          ¿De verdad? Me sorprende, sólo saben los jóvenes de por aquí que llevan mucho tiempo de vivir en el sector, ah sí, también un anónimo.
-          Me gustaría asistir pero aún no, creo que debo dejar que pase más tiempo para ir conociendo a la gente de por aquí.
-          Algún día podrías venir conmigo.
-          ¿Eres bueno?
-          Oh sí.
Pasamos la clase dando ideas acerca del proyecto, me daba tanta flojera pero necesitaba la calificación así que me tenía que aguantar. Ella me pasó su dirección –muy cerca de la escuela cabe mencionar –a donde iría mañana precisamente a hablar del proyecto y conocernos mejor.

Esa noche pasaron dos cosas realmente extrañas, en las carreras el tipo anónimo quiso competir con todos menos conmigo, ganando la mayoría de las carreras ¿por qué hizo una excepción conmigo?
Y lo peor… tenía un año sin que me pasara esto pero de nuevo comencé a soñar y de esos sueños que no son pesadillas ni recuerdos vagos, de esos que recuerdas perfecto al despertar de un pequeño brinco en tu cama, de esos que te angustian, te calman… O te avisan.
[…]

viernes, 18 de noviembre de 2011

Horas proféticas [Capítulo II]

Horas Proféticas



[...] Esa noche no pude dormir, por algún extraño ataque de curiosidad deseaba de verdad conocer el rostro de aquél tipo y no exactamente para golpearlo sino para examinarlo, de verdad quería saber porqué tanto misterio con él.
En la escuela…
-          No puedo creer que un forastero te haya ganado hermano –me dijo sin tono de burla Servando.
-          Ya sé, no tienes idea de las ganas que tengo de verle el rostro.
-          Sí, claro, más bien golpear su rostro –se reía Carlos.
-          Pues resulta extraño pero no, sólo quiero saber quién es –les dije imaginándome mi expresión de pensamiento perdido.
-          Con suerte regrese este fin de semana –sugirió Servando.
-          Eso espero –contesté.
Ese día tenía una clase extra para subir puntos en algunas materias así que por desgracia tenía que quedarme después de clases.
Entré a la sala de estudios un poco tarde ya que por estar comiendo se me pasó la hora.
Cuando entré ya no había lugares vacíos, sólo uno, a lado de una chica que no conocía ni me parecía haberla visto antes y me senté a lado de ella.
Me pareció bonita pero no le presté mucha atención, el asesor dio instrucciones para que trabajáramos en parejas un proyecto que ayudara a la escuela, tendría que ver con al menos dos materias, el mejor sería premiado, nos darían tres semanas para realizarlo pero había que utilizar el tiempo de esa clase por parejas y a mí me tocaría la chica desconocida.
-          Hola, supongo trabajaremos juntos, soy Sarime –me saludó con cortesía.
-          Oh sí, yo soy Alonso, no recuerdo haberte visto.
-          Es cierto, soy nueva, llegué hace una semana y como tengo que ponerme al corriente en la escuela, necesito esta clase extra.
-          Pues, mucho gusto compañera, espero desarrollemos un buen proyecto –claro buscando siempre la manera educada de tratar a una mujer que conoces. Soy genial.
-          Sí, pero no nos conocemos, primero debemos abrir la mente para hacer un buen proyecto ¿no crees?
-          Tienes razón –intenté no mostrar mi perplejidad, la chica era muy directa y me gustaba incluso me atrevía a decir que su actitud era linda.
-          ¿Primero las damas?
-          Estás en lo correcto Sarime.
-          Bueno pues a mí me gusta la gente que toma riesgos para obtener las cosas, que nunca se rinde, tiendo a brindar mucho mi confianza, no soy difícil de entender, soy algo sensible y si hay algo que me apasiona son los misterios.
-          Genial –no sé si en ese momento no tenía nada que decir o realmente ésta palabra lo describía todo. Creía que esta chica tenía algo que la hacía… especial.
[...]

Horas proféticas [Capítulo I]

Horas proféticas


¿Qué tanto podía decir sobre mí? Bueno, pues soy un chico normal de sólo 17 años, ¡rayos!, quisiera ya ser mayor de edad, no hay muchas cosas que me gusten pero como dijeron por ahí; lo que me gusta me gusta, soy heterosexual, me gustan los carros, la comida, el alcohol (creo eso es normal, a casi todo el mundo le gusta aunque no lo acepte), las fiestas, un poco el futbol, ah y si había algo que no me gustaba era dormir...
Desde pequeño tuve problemas de sueño, ya fuera insomnio, somnolencia extrema, sonambulismo o terribles pesadillas por eso tomaba mucha coca-cola y dormía sólo cinco o seis horas máximo. A pesar de que fui sometido a infinidad de tratamientos ninguno hizo efecto, sólo un rato desaparecían los trastornos y finalmente regresaban, ni los doctores, mis padres o yo nos explicábamos el porqué, de todos modos ya había aprendido a vivir con ello. Ya no me importaba.
Iba a la prepa como casi todo joven, se podría decir que mi vida era divertida pero desde que mis padres me prohibieron seguir en los arrancones por chocar el carro no encontraba algo que lo reemplazara tal vez me urgía una novia. Claro, tenía varios prospectos pero ninguna terminaba de convencerme.
En la escuela…
-          Hey tú, Alonso –me llamaba el creído del salón, nunca me cayó bien el este tipo llamado Francisco, pero lo soportaba por llevar la paz –¿Vas hoy a los arrancones?
-          Amm, no –quería sonar desinteresado pero esas carreras de verdad me interesaban. Ni modo –Aún no termino de pagar el choque de la otra noche.
-          ¡Hermano! De eso no te preocupes, te presto el mío –decía sin arrepentimiento alguno lo cual me sorprendió.
-          ¿Hablas en serio?
-          No hablo por hablar, así que te veo a las nueve ya sabes donde.
Tal vez el tipo este me caía mal porque intentaba ser bueno con todos y yo era un chico malo, un malote. Claro ¡que genial!
A la siguiente clase ya me pude reunir con mis cuates Servando y Carlos, les platiqué de Francisco y también les sorprendió. Bueno, si fuera una trampa al menos estarían ellos presentes y me defenderían, supongo.
Fue algo difícil safarme de los cuestionamientos de mis padres pero finalmente fui a los arrancones, me la pasé muy bien corriendo con el Mustang de Francisco pero a la vez mal porque esa noche sucedió algo muy extraño, no pude ganar y de verdad que eso era raro, que llegara un anónimo a querer competir y que ganara en un sitio donde se me respetaba por mi velocidad, mis múltiples victorias, ¿quién era aquél tipo que me retaba por vez primera y ganaba tan fácilmente?
Terminó ganándome tres de tres y aunque todos pedíamos conocer su identidad él no mostró su rostro y simplemente se marchó.
[...]

lunes, 24 de octubre de 2011

Un pequeño pedazo de cielo

Mi pedazo de cielo



Era imposible que mi sonrisa no irradiara un brillo especial,
me sentía realmente feliz, no había nada que derribara mi felicidad.
Después de tanto esfuerzo al fin se hizo realidad.
No quería nada más en ese momento,
lo tenía todo.
Tal vez no tenía dinero, un gran coche o cajas llenas de chocolates
pero era feliz, increíblemente fascinada con mi pedacito de cielo.
Me valía en ese momento cualquier pensamiento negativo
de la gente, cualquier envidia, cualquier mal augurio.
Yo tenía lo que quería.
Mi familia me amaba, estaba conmigo, tenía amigos que 
estaban dispuestos a perder las horas conmigo si lo necesitaba,
o incluso por simple capricho, tenía un amor casi perfecto 
en mi corazón y una paz interior tan confortante que a pesar
de vivir en un mundo como en el que vivimos me llenaba.
No necesitaba ir al cielo a tocar una estrella,
no necesitaba buscar la felicidad porque ya la tenía,
no necesitaba correr por la pradera para sentirme natural
no necesitaba mirar al cielo para imaginar donde estaría
el pedazo que me pertenece.
Yo tenía el mío aquí en la tierra y lo que es mejor
el mío no era solo un pedazo de cielo
era un pedazo de cielo agridulce. Ni fantasioso ni cruel (:

Ella siguió caminando

Ella, sólo una pequeña, siguió caminando

Ella era una sólo una pequeña, una criatura inocente 
que no sabía de los peligros existentes en la tierra,
era una niña ignorante de toda la maldad 
de todo problema estruendoso,
de toda bala o explosivo activado
pero tenía algo grande; la inocencia.
Veía como muchas cosas a su alrededor
se destrozaban,
veía como la vida se iba acabando.
¿Qué podría pensar alguien tan pequeño?
¿Estarán jugando a policías y bárbaros?
Pero aun así el juego le parecía muy real,
a dónde se había marchado toda la gente,
de pronto ya no veía a sus padres,
ni a sus amigos o parientes, 
nunca había tenido hermanos.
Se preguntaba ahora cuál sería su destino
qué tendría que hacer si de pronto su alrededor
fue infestado de dolor, violencia y frialdad,
pero a pesar de estar sumergida en un sopor 
apesadumbrante dentro de su corazón aguardaba
una luz, una luz que no se apagaba.
Ella siguió caminando.
La vida durante la guerra la golpeó una 
y mil veces más pero ella nunca se rindió.
Siguió caminando.
Fue creciendo entre miserias, carencias
y la guerra parecía no cesar, de pronto 
ya no era tan niña, el mundo la había obligado
a mirar el panorama de un punto más maduro
pero a pesar de los golpes siguió caminando.
Trabajó de sol a sol, descansó solo cuando 
había tiempo y logró aprender varias técnicas
que le facilitaron la vida, era tanto su afán de
llegar lejos que prometió incluso dar su vida
por que una niña como la que ella fue no pasara
algo similar y... Así fue.
Siempre estuvo a favor de la paz.
Su vida irradiaba tranquilidad y una pureza
tan impecable que no era difícil darse cuenta
que como ella ya pocos hay.
Ella era de carne y hueso, tu eres de carne y hueso,
nosotros somos de carne y hueso
pero si tenemos fortaleza más dura que el diamante
un golpe de alguna roca, del viento, de la vida,
es más liviano que nuestra existencia.

domingo, 23 de octubre de 2011

Luna

Luna


Cierta vez pensé
¿Porqué estoy aquí si estoy sufriendo?
¡¿Para qué seguir caminando un sendero en el que voy llorando?!
pero en ese instante volteé hacia arriba,
vi el cielo,
era una noche oscura
en la que las estrellas parecían relucir más que ayer
en la que la luna parecía más grande que cualquier otro día
claro, era una luna hermosa, una luna llena
la miré tanto tiempo
que ni siquiera me di cuenta cuanto tiempo transcurrió
desde que me enfoqué en ella y mis ojos 
se acostumbraron a su brillo.
Fue ahí cuando algo me flechó...
Para vivir y disfrutar se necesita dolor
sino fuera así
¿Porqué descubrí algo tan hermoso?
Si no estuviera sufriendo...
¿Hubiera buscado algo tan especial? 
¿Hubiera volteado al cielo a contemplarla?
¿Mi sonrisa de pronto se hubiera inflamado de alegría?
NO
Es necesario llorar para reír
es necesario reír para llorar 
es necesario descubrir para pensar
y pensar para darse cuenta. 
Entonces yo gracias a ti Luna
se que la vida no es solo un sendero de sufrimientos
sino una vida de sorpresas,
de instantes
y algo tan hermoso como tu
me hizo darme cuenta que necesitaba un tropiezo
para saber todo lo que ahora entendí,
con todo y recompensa encima
te descubrí.

viernes, 21 de octubre de 2011

Ya vi que no


"Ya vi que no"

Vivía en un mundo lleno de personas
pero de esas personas que al saber como son 
van reduciendo el número en mi entorno,
muchas que aparentaban felicidad
cuando por dentro los carcomía la tristeza
otros bañados de mentira y tintados de verdad,
algunos más actuando una obra invisible
y otros arropando más la desnudez de sus ideas
confiaba en su actitud porque no conocía la realidad
ahora... ya vi que no
ya vi que lo real se cuenta con los dedos de las manos
ya vi que lo que no puedo ver es lo que cuenta
ya vi que la apariencia no siempre es la verdad
ya vi que no estaba equivocada
sino adquiriendo experiencia
al fin vi que a cada paso las huellas no se marcan 
en arena sino en concreto fresco y con el tiempo
endurecen su marca, tal como sucede en nuestros recuerdos.