Mi pedazo de cielo
Era imposible que mi sonrisa no irradiara un brillo especial,
me sentía realmente feliz, no había nada que derribara mi felicidad.
Después de tanto esfuerzo al fin se hizo realidad.
No quería nada más en ese momento,
lo tenía todo.
Tal vez no tenía dinero, un gran coche o cajas llenas de chocolates
pero era feliz, increíblemente fascinada con mi pedacito de cielo.
Me valía en ese momento cualquier pensamiento negativo
de la gente, cualquier envidia, cualquier mal augurio.
Yo tenía lo que quería.
Mi familia me amaba, estaba conmigo, tenía amigos que
estaban dispuestos a perder las horas conmigo si lo necesitaba,
o incluso por simple capricho, tenía un amor casi perfecto
en mi corazón y una paz interior tan confortante que a pesar
de vivir en un mundo como en el que vivimos me llenaba.
No necesitaba ir al cielo a tocar una estrella,
no necesitaba buscar la felicidad porque ya la tenía,
no necesitaba correr por la pradera para sentirme natural
no necesitaba mirar al cielo para imaginar donde estaría
el pedazo que me pertenece.
Yo tenía el mío aquí en la tierra y lo que es mejor
el mío no era solo un pedazo de cielo
era un pedazo de cielo agridulce. Ni fantasioso ni cruel (:

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