Horas proféticas
¿Qué tanto podía decir sobre mí? Bueno, pues soy un chico normal de sólo 17 años, ¡rayos!, quisiera ya ser mayor de edad, no hay muchas cosas que me gusten pero como dijeron por ahí; lo que me gusta me gusta, soy heterosexual, me gustan los carros, la comida, el alcohol (creo eso es normal, a casi todo el mundo le gusta aunque no lo acepte), las fiestas, un poco el futbol, ah y si había algo que no me gustaba era dormir...
Desde pequeño tuve problemas de sueño, ya fuera insomnio, somnolencia extrema, sonambulismo o terribles pesadillas por eso tomaba mucha coca-cola y dormía sólo cinco o seis horas máximo. A pesar de que fui sometido a infinidad de tratamientos ninguno hizo efecto, sólo un rato desaparecían los trastornos y finalmente regresaban, ni los doctores, mis padres o yo nos explicábamos el porqué, de todos modos ya había aprendido a vivir con ello. Ya no me importaba.
Iba a la prepa como casi todo joven, se podría decir que mi vida era divertida pero desde que mis padres me prohibieron seguir en los arrancones por chocar el carro no encontraba algo que lo reemplazara tal vez me urgía una novia. Claro, tenía varios prospectos pero ninguna terminaba de convencerme.
En la escuela…
- Hey tú, Alonso –me llamaba el creído del salón, nunca me cayó bien el este tipo llamado Francisco, pero lo soportaba por llevar la paz –¿Vas hoy a los arrancones?
- Amm, no –quería sonar desinteresado pero esas carreras de verdad me interesaban. Ni modo –Aún no termino de pagar el choque de la otra noche.
- ¡Hermano! De eso no te preocupes, te presto el mío –decía sin arrepentimiento alguno lo cual me sorprendió.
- ¿Hablas en serio?
- No hablo por hablar, así que te veo a las nueve ya sabes donde.
Tal vez el tipo este me caía mal porque intentaba ser bueno con todos y yo era un chico malo, un malote. Claro ¡que genial!
A la siguiente clase ya me pude reunir con mis cuates Servando y Carlos, les platiqué de Francisco y también les sorprendió. Bueno, si fuera una trampa al menos estarían ellos presentes y me defenderían, supongo.
Fue algo difícil safarme de los cuestionamientos de mis padres pero finalmente fui a los arrancones, me la pasé muy bien corriendo con el Mustang de Francisco pero a la vez mal porque esa noche sucedió algo muy extraño, no pude ganar y de verdad que eso era raro, que llegara un anónimo a querer competir y que ganara en un sitio donde se me respetaba por mi velocidad, mis múltiples victorias, ¿quién era aquél tipo que me retaba por vez primera y ganaba tan fácilmente?
Terminó ganándome tres de tres y aunque todos pedíamos conocer su identidad él no mostró su rostro y simplemente se marchó.
[...]

Esto es el primer capítulo de la pequeña novela que escribiré espero les guste (:
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