Ese pueblo
donde yo vivía, a pesar de todo, me
gustaba. Era caluroso, casi a pleno desierto, con poca gente pero ahí estaba
todo lo que quería: mi novio, mi familia, mi trabajo en la comisaría y mi
tierra natal.
Ya cumplía
un año con mi novio Federico.
-
Yo
de verdad te amo Carolina.
-
Yo
también amor mío.
-
Pero…
-
Pero,
¿pero qué? ¿Cortarás conmigo? De seguro tienes otra –¿por qué me hacía esto a
mí? Aaah, estaba en drama total.
-
¡Mujer!
Sólo quiero informarte sobre algo.
-
Qué
bueno, por poco te tiraba una cachetada.
-
Eso
no hubiera sido posible con mis súper cachetes de hierro.
-
Sí…
claro.
-
Ok
lo que te iba a decir es que me iré a vivir a la ciudad y quiero que te vengas
conmigo.
-
¿A
la ciudad? Pero…
-
¿Pero
qué? De seguro tu amante está aquí ¿verdad? ¿cómo pude confiar en ti?
-
¡Hombre!
Es que yo estoy muy encariñada con este pueblo, me sería difícil dejarlo.
-
Estarás
mejor en la ciudad, conmigo.
-
¿Tienes
casa allá? ¿Trabajo?
-
Claro,
por eso te lo pido.
-
De
acuerdo.
Todo
ese rollo de las despedidas fueron un tanto difíciles, me despedí de todo el
pueblo pero los más complicados sin duda mis padres, ellos querían que hubiera
casorio antes, ¿Qué yo me casara? Claro, risa mucha risa, ser esposa yo ni
muerta.
Cuando
toqué tierras citadinas todo parecía tan maravilloso en comparación a mi
pequeño pueblo, hasta que Federico me dijo que estaba mirando un papel tapiz,
ups que tonta, ya luego que logré ver el panorama real fue la misma reacción
pasada.
Me
llevó a una casa no tan grande pero bonita, esa sería donde viviríamos hasta
que el cáncer o una mujerzuela nos separaran.
-
¿De
verdad no te casarías conmigo? –me preguntó con cierto toque de tristeza en su
voz.
-
Pues
ya estoy aquí viviendo contigo ¿qué más quieres?
-
Que
nos casemos.
-
Bromeas.
-
No,
pero si no quieres pues no –ahora si sonaba triste.
-
¿Es
en serio? Oye, perdóname.
-
Te
engañé, jaja, ni yo me quiero casar.
-
Infeliz,
te amo.
-
Te
amo más –me dio un beso.
Con
eso de la desempacada más el viaje larguísimo terminamos cansados y sólo caímos
en la cama a dormir.
-
Bonita
despierta –me movía suavemente mi novio.
-
No,
dejadme dormir.
-
Es
tarde, arriba.
-
Sólo
diez minutitos más.
-
Ok,
haré esto a la antigua –se alejó de la cama y abrió las cortinas haciendo un
ruido espantoso con el cristal de la ventana, ¿a caso quería que me diera
migraña?
-
Ah
ok, ya me levanto –eran a penas las 12:00 p.m.
-
Exagerado,
ni es tarde.
-
Anda
hagamos el desayuno.
Preparamos
hot cakes con huevos rancheros, así como se hacía en mi tierra, aunque esa ya
estaba a varios kilómetros atrás.
-
Hoy
estoy libre en el trabajo, vayamos de compras.
-
Ok,
creo que aquí ya no hay mucha comida.
Ya en el
centro comercial –por cierto grande –compramos muchas cosas y mientras esperaba
el jamón y queso para unas ricas
deliciosas sincronizadas, a sólo $10, pásele, bara, bara, ok no. Estaba
viendo las noticias en la televisión frente a la sección de carnes frías que
informaban de una invasión a la ciudad de animales, me asusté porque la
muchacha que cortaba mi jamón por estar embobada me había dado rebanadas
enormes.
-
No
tenga miedo, para eso existe control animal, al menos yo sí puedo controlarlos.
-
Yo
no creo que sean animales.
-
¿Sabe
qué creo yo? Que rebanó mal mi jamón. Hágalo de nuevo –le ordené molesta.
-
¿Pasa
algo amor? –llegó mi Federico.
-
Nada
corazón, sólo pequeños problemitas en corte.
-
¿Qué?
-
Nada,
está todo bien.
Regresamos
a casa y algo noche después de un recorrido por la ciudad y justo cuando
estábamos en plena pasión en la cama tocaron la puerta violentamente.
-
¿Ah
y ahora quién es? –preguntaba enojado mi Federico.
-
Debe
ser alguien importante.
Fue
a abrir y escuché desde la habitación “tienen que salir de aquí, refúgiense en
sótanos o salgan de la ciudad, no es invasión animal sino zombie” ¿Qué?
¿Zombies en la ciudad?
Fede
regresó algo alterado terminando de vestirse.
-
Carolina
corremos peligro, vámonos.
-
Escuché
lo que te dijo el cerdo ese.
-
¿Cuál
cerdo?
-
El
oficial pues.
-
No,
fíjate hasta eso, éste estaba flaco.
-
Qué
raro.
-
¿Eso
qué? Vámonos.
Nos
vestimos y salimos lo más armados posible, incluso con reservas de comida.
-
Dijo
el policía que su encontrábamos uno debíamos golpear su cabeza antes de que nos
mordiera o comiera nuestros sesos –me indicó.
-
Si
nos muerde, ¿pasaríamos a ser un zombie?
-
Correcto
–me decía mientras caminaba sigilosamente entre las calles ya solitarias
conmigo de la mano
-
¿Y
sí come nuestros sesos? –cuando pregunté se detuvo.
-
Pues,
¿tú qué crees?
-
No
sé, sólo quería que me besaras.
Mientras
eso ocurría nos invadían los zombies justo detrás de nosotros.
Pegué
un grito cuando apareció uno tras de mí.
-
¡Federico
golpéalo! -le grité casi en shock.
-
Claro
amor –él comenzó a golpearlo con un palo de bambú que llevábamos como arma.
Casi
me duermo, el zombie ya estaba muerto y Federico lo seguía golpeando.
-
¿Amor?
–lo llamaba intentado detenerlo.
-
No
me interrumpas, casi lo tengo.
-
Pero
el ya está…
-
¡No!
Debe aprender a no interrumpir.
-
De
acuerdo –seguí esperando resignada.
Después
sentí una mano fría detrás de mí, ¿más zombies? No, no, esto ya me estaba
enojando, primero nos interrumpen luego hacen que mi Federico se traume y para
acabarla de amolar vienen a molestarme a mí. Malditos zombies.
Con
mis armas que había preparado comencé a
golpear al que estaba detrás de mí y los que iban llegando, en la escena caían
rodillazos, sartenazos, palazos y hasta mi preparación ninja que había
aprendido en el pueblo –entra sonido de combate –a acabar con los zombies se ha
dicho.
-
Amor
que bien peleas –me decía Fede del cual ni me había dado cuenta cuando se unió
a mi lucha.
-
Creí
que nunca acabarías con aquél.
-
Finalmente
lo aniquilé con mi puño de hierro.
-
¿Ahora
también tienes puño de hierro? ¿A caso eres iron man?
-
Sí
–al decirlo sus ojos brillaban.
-
Espera
–detuve la pelea –entonces ¿Yo quién soy?
-
Tú
eres… ¿Iron girl?
-
Mmm
no, el hierro, planchas y eso no me agradan, yo seré ninja girl –ahora imaginé
que mis ojos eran los que brillaban.
-
Claro…
-
Unamos
fuerzas
-
¡Sí!
Todo
se detuvo por unos segundos.
-
¿Y
ahora? –preguntó Federico.
-
¡A
patear traseros y cabezas zombies!
Seguimos
combatiendo hasta matar unas veinte de esas creaturas.
-
Caro,
ganamos –me decía mi Federico.
-
Si
amor –le dije sarcástica.
-
¿Qué?
-
No
estoy ciega –le advertí.
-
Ok,
sólo le daba énfasis al momento.
-
Deja
de hacer tus “énfasis” y escapemos.
Llegamos
a pleno centro de la ciudad que estaba ya completamente invadido de zombies, al
menos yo no dudaba en seguir combatiendo.
-
Rodeemos
el centro –me indicaba mi amor.
-
No
seas cobarde, luchemos.
-
¿Estás
segura?
-
Claro,
somos súper héroes.
-
Pues
nadie nos espera.
-
Deja
de ser pesimista.
-
De
acuerdo.
Salvamos
a unas cuantas personas que estaban a punto de ser mordidas, otras se nos
unieron al combate, y yo me estaba dando cuenta de algo raro, muy raro, a plena
lucha frente a frente entre humanos y zombies, entre la vida y la muerte prácticamente;
me estaba dando hambre.
-
Federico
–llamé a mi novio.
-
Estoy
algo ocupado amor –peleaba entre dos zombies a la vez.
-
Es
que es muy importante.
-
Ok,
deja termino a estos dos.
-
No,
ya hazme caso –cuando notó mi desesperación tipo berrinche intento alejarse de
ellos.
-
¿Qué
pasa amor?
-
Hola
–le hice cara angelical.
-
¡Infeliz!
Ya casi tenía a esos –se quería regresar a pelear.
-
Espera,
eso no era, es que tengo hambre.
-
¿Trajiste
el jamón?
-
Oh
cierto, el jamón, gracias amor.
-
¿Gracias?
Me hiciste perder mi triunfo doble, al menos págame.
-
¿Quieres
una rebanada de jamón?
-
Quería
que dijeras un beso.
-
Oh
–lo atraje hacía mí y lo besé.
Después que
él ya regresaba al exterminio saqué tranquilamente mi jamón, comí un poco
cuando noté que todos los zombies se alejaban, como huyendo de algo… ¡Claro!
Eran alérgicos a los sonidos de las tripas de un humano hambriento. Ahora si
podríamos acabar con ellos.
-
Caro,
¿viste eso?
-
Por
supuesto.
-
Son
alérgicos al hambre humana.
-
Lo
mismo pensé, amor ya sabemos cómo destruirlos.
De
pronto se nos acercó un sujeto que se había unido a la lucha después de que le
salváramos sus sesos un momento antes.
-
¿A
caso bromean? –preguntó casi perplejo.
-
No,
ahora si podemos acabar con ellos –le respondí feliz.
-
No
son alérgicos al hambre humana, sino al jamón, si fuera al hambre ¿cómo sabrían
quién la tiene?
-
Ya
veo –contesté analizando la razón del sujeto.
-
Bien
dicho genio –le dijo mi Federico –pero ¿cómo lo pruebas?
En
eso una mujer se acercaba con claras intenciones de unirse a la conversación.
-
Desde
que empecé a luchar tenía hambre y ningún zombie se alejó o se retorció.
-
Creo
que tienen razón –contesté.
-
Buen
punto –dijo Federico pero aun con un toque de duda.
-
¿Qué
más pruebas? Consigamos más jamón –decía el sujeto del principio.
-
No,
esas no son pruebas suficientes –argumentó Federico.
-
Amor,
yo creo que… -intenté hacerlo entrar en razón.
-
Puede
ser algún compuesto del ambiente, que hace que el jamón…
-
Igual,
está en el jamón –le argumentaba la mujer.
-
Oye
viejo deja de hacerte el tonto –le advertía el sujeto del principio.
-
Sólo
pienso en la infinidad de posibilidades que existen y ¿saben? Eso es bueno
porque pienso en el bienestar de toda la sociedad de esta ciudad, porque hay
que librarla de estas creaturas que…
Entre
los que escuchábamos aquél vano argumento tomamos a uno de los zombies que
intentaba escapar y le pusimos un jamón en a cara, éste se retorcía y comenzaba
a quemarse. Al ver esto Federico se quedó sin palabras.
-
¿Más
pruebas amor? –le pregunté.
-
Ok,
no más.
Corrimos
al centro comercial pero estaba cerrado, pretendían entrar por las carnes
frías.
-
Esperen
–les dije a todos.
-
¿Ahora
qué? –preguntaba Fede sin darse cuenta que todos lo miraban ya que gracias a él
se había perdido mucho.
-
¿Robaremos?
-
No
encontraremos nada abierto a estas alturas –dijo alguno de la tropa
anti-zombie.
-
Sí
pero eso no está bien.
-
Entonces,
¿está bien morir a causa de una invasión? –me preguntaba otro de la tropa.
-
No,
pero debe haber otra manera.
-
Carolina,
no hay otra –me aseguraba Federico.
-
Es
que me siento mal haciendo esto –al momento de decir esto todos hicieron esa
típica expresión de fastidio.
-
Entonces
yo lo haré pero como no me ayudarás, tendrás que casarte conmigo –me amenazó mi
novio.
-
Ah
todo menos eso… ok te ayudaré.
Escuché
un fuerte”por fin” de la tropa.
Sacamos
todas las carnes frías con las que pudimos e incluso algunas las rebanamos.
Perseguimos
a todos los zombies con que nos encontrábamos hasta el amanecer, hasta nos
detuvimos un momento después en una solitario puesto de tacos a comer.
Pues
como no, ya teníamos el hambre rezagada.
Precisamente
en la taquería tenían un televisor donde los noticieros estaban informando que
un grupo de súper héroes habían
exterminado un 98% de zombies con carnes frías, ponían videos y cosas así.
-
¡Somos
nosotros! –decía un miembro de la tropa señalando el televisor.
-
Siéntase
orgullosos, somos héroes –los animaba Federico.
-
¡Mi
taquería se volverá famosa! –gritó uno de los taqueros y obvio todos lo
voltearon ver con seriedad.
Después
de varios días algunos laboratorios lograron capturar al 2% de zombies que
restaban y todos los súper héroes que salvamos la ciudad fuimos reconocidos por
el gobierno, nos hicieron homenaje y toda la cosa.
La
taquería se volvió famosa por haber atendido el hambre de los súper héroes, las
carnes frías se volvieron e alimento principal de la ciudad y el centro
comercial al que robamos se le entregó distintivo por mejor proveedor de armas
para el bienestar de la ciudad. Ahora sí todo parecía perfecto.
-
Amor
acabamos de vivir la aventura tal vez más apasionante de nuestras vidas además
somos súper héroes –le decía a mi amado mientras mirábamos la luna en la
azotea.
-
Sí,
y no pudo haber sido mejor vivirla contigo, te amo.
-
Yo
también te amo mi dueño.
-
Eres
súper heroína, bella y mía.
-
Te
amo mi iron man.
-
Yo
más mi ninja girl –reímos al mismo tiempo.
-
¿Te
casas conmigo? –me preguntó.
-
Ya
lo arruinaste –le informé, además de que pensaba irme pero me detuvo con un
beso.
-
¿Qué
tanto importaría una boda si estamos juntos? No es necesaria.
-
¿De
verdad lo entiendes?
-
Sólo
bromeo, sabes que yo tampoco me casaría, oye ¿tú crees que volvamos a pelear
con cosas o creaturas extrañas?
-
Sí
claro, ahora con extraterrestres ¿no?
-
Jaja,
¿Por qué no?
-
Tonto.
Nos
besamos y de pronto mi amor se quejó.
-
¿Qué
pasa?
-
Me
cayó una piedra –se tocó la cabeza y miramos hacia arriba donde se veía una
gran areola de luces no comunes… ¿otra invasión?
Nos miramos
unos segundos.
-
Oh,
oh –fue lo último que dijo antes de soltar un pequeña risita, tomarme de la
mano y correr juntos.
Fin.

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