Horas proféticas
[…]
- Tú puedes salvar el mundo, sólo tienes que aprender a usar tu don –me dijo Samantha.
- Me voy –casi grité completamente desconcertado y me marché.
No podía hacer nada más que ir a las carreras para desahogarme y olvidar todas las palabras de aquella mujer, me llené de pánico, realmente nunca estuve tan asustado pero no por ella sino porque todo lo que dijo; era verdad.
Casi me llevo una sorpresa cuando un colega me prestó su Cadillac del año para que compitiera contra el anónimo que se hizo presente. Quedamos en tres de cinco vueltas de las cuales me ganó todas. Todas.
Esta vez si me enojé, ya no podía soportar más misterios en mi vida. Me bajé del coche y me acerqué al suyo.
- ¿Hasta cuándo vas a seguir con tu jueguito? ¿ah?, ¿a caso no estamos entre reales competidores? ¿Quién eres? Muestra ya tu rostro –le grité en medio del público y obviamente muy alterado.
El tipo se bajó del coche, estaba completamente vestido de negro y llevaba un casco, sí, un casco.
- Quítate el casco –casi le ordené.
Conforme pasaban los segundos más me desesperaba y finalmente lo hizo.
Casi sufro un paro cardíaco cuando vi la castaña cabellera de una mujer, de una mujer hermosa y misteriosa de la que tal vez estaba enamorado: Sarime.
[…]

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